... papel mojado
Alguien me dijo una vez: “Si el cielo esta gris, déjalo que llueva. Pero que lo llueva todo, y que lo llueva bien. Empápate con su agua, mira hacia arriba, y contempla el festín de rayos y truenos que te brindan las nubes. Y eso sí, nunca dejes que un día más oscuro de lo normal, te haga estar triste”.
Pues bien, al acecho de la tormenta, anunciada por una espera inflada por el tiempo dilatado y el espeso tedio de la certidumbre, espero esa eclosión de acontecimientos que de forma irremediable han de poner fin a la agonía del despropósito desbocado. La fuerza del agua arrancará las hojas de un libro que creí siempre llevaría conmigo, y las gotas salpicarán unos capítulos que inocentemente confié aún por escribir. No basta ahora con pasar de página, se que hé de cambiar de libro y empezar de nuevo. Pero aunque ahora me resista a dar alcance al momento de tener entre mis manos tan sólo papel mojado, sé que no podré desenterrar de mi memoria aquellas líneas que pronto dejarán de estar escritas.
Cuestión de tiempo, supongo. Tiempo para rellenar con palabras absurdas párrafos en blanco de torcidas líneas, apresuradas sin embargo por encontrar su significado y entrar a formar parte de unas páginas destinadas en principio a reservar cobijo para un mejor apólogo. Sólo espero que el próximo libro no hable de cielos grises ni tormentas intempestivas, no quisiera ver de nuevo como se deshacen entre mis manos unas hojas que ocupé con letra alegre y pulso firme, unas hojas que hoy se deshacen como el papel mojado...

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