esto se acaba...
Hoy, en las taquillas del hospital, acabado ya el último día de rotación clínica, alguien escondido detrás de una cómplice mirada me ha dicho: ¿te das cuenta, no? Y es que, aunque alguna vez pudo parecer que este momento nunca llegaría, a falta de los últimos exámenes, hoy he colgado la bata. La próxima vez que me la ponga con el fonendo al cuello o que vista el pijama de quirófano, ya no será como estudiante, será como médico. Hoy he colgado la bata, sí, y lo he hecho con un nudo en la garganta, y con lágrimas en los ojos. Porque el colgarla ha significado muchas cosas.
Significa que aquí concluye la primera etapa de un sueño cumplido, un sueño que empezó hace seis años y que he tenido el gran privilegio de vivirlo cada día, de disfrutarlo sin límites con los cinco sentidos, de amarlo a corazón abierto. Siempre quise ser médico. La medicina no es un camino como otros en la vida, ni mejor ni peor, no es sólo una elección, no es sólo una profesión, es algo inherente a la persona y que nunca se podrá separar de uno mismo. Ser médico es algo que nunca llega a su fin, no es estático, es un caerse y un andar continuo. La medicina es inagotable, nunca llegas a saberlo todo de ella, está siempre por descubrir, por eso es tan fascinante, porque avanza y siempre te exige estar en plena forma para poder correr a su lado. La medicina también es limitación, también es frustración, es reconocer que no somos todo poderosos, es aceptar con humildad que no existe la píldora universal pero que sí podemos manejar el dolor con compañía, con comprensión... Es asumir que, aún existiendo limitación, nosotros no tenemos límites para entregarnos con dedicación a los pacientes. Ser médico no es salvar vidas, no seamos pretenciosos pensando que tenemos esa decisión en nuestras manos, pero en cambio, pensemos que hay vida en nuestras manos, y que con ellas podemos regalar segundas oportunidades, terceros nacimientos...
Significa una inmensa alegría y orgullo por conseguir aquello que nos propusimos. Porque fue duro, muy duro, y aunque ahora cerca del final los obstáculos con los que topamos en el pasado parecen encogidos, es justo reconocer los muchos abruptos y accidentes del camino. Momentos cargados de tensión, de esfuerzo, de horas de estudio, de enclaustramiento, de desesperación, de lloros… momentos que pese a todo fueron superados gracias a una ilusión infinita, a la acérrima vocación, a la motivación desbocada, al esfuerzo ilimitado, al anhelo de la esperanza, al generoso altruismo, a la gratitud de una sonrisa, a las ganas desmesuradas de saber, al miedo de ignorar, a las ansias desmedidas de curar… Fueron muchas y duras las penurias, pero la victoria final conseguida supera incomparablemente con creces las batallas disputadas.
Significa el futuro. El pasado es de un color diferente para cada uno de nosotros, pero contamos con la ventaja de que el futuro siempre es incoloro. Y no depende de nadie más que de nosotros mismos el colorearlo y tratar de conseguir que el negro nunca sea nada más que una pequeña mancha en un óleo de vivos matices. Significa el miedo y la desconfianza ante un futuro nuevo. Conoces miles de enfermedades y muchos remedios, pero no sabes si podrás dar siempre en el clavo, tienes pánico de fallar, y crees que nada de lo que sabes pueda llevar consuelo y alivio. Descubres que nunca sabes demasiado, y que hace más una palabra de aliento que todas las pastillas del mundo. El camino no acaba este día, el camino dura muchos años. Tienes miedo a tropezar con una piedra, pero sabes que sólo cuando caes eres consciente de que hay que tener cuidado con ellas. Tienes miedo a andar despacio, pero sabes que correr mucho hace que no disfrutes de lo andado. Tienes miedo a no alcanzar la meta, pero sabes que no hay mayor éxito que el “gracias” de un paciente. Tienes miedo, pero sabes que si miras hacia atrás verás que ya es mucho lo que has recorrido... El mejor camino es aquel que después de andado se volvería a recorrer... y no cabe duda que lo andaría mil veces, y al acabar mil veces más.
Pero sobre todo, y por encima de todo, significa la tristeza y la añoranza por una etapa que se acaba, y si no un adios, un hasta luego a muchas personas que ya forman de manera indivisible parte de mí. Los logros saben más dulces cuando el amigo está a tu lado para celebrarlo. Las penas se hacen más ligeras si el amigo te ayuda a cargar con tu saco de problemas. Conocernos ha sido sin duda nuestro mejor aprobado, ha dado sentido a esta carrera plagada de obstáculos, ha sido construir la historia de las cuatros paredes de un aula con amistad, compañerismo y muchos hombros juntos empujando a la vez. Sin ellos nada habría sido posible. Encontrarnos ha sido nuestro mayor éxito, y saber que compartimos la misma razón que nos hace soñar es convertirnos en algo más que amigos. En estos años he ganado hermanos, he descubierto compañeros que han sabido complementarme y completarme, almas cómplices que me llevo para siempre, y que han logrado hacerme mejor persona. Si es verdad que existe una tercera vida, la de la memoria, estoy seguro que todos nosotros viviremos mientras quede un aliento en cualquiera de nosotros, porque desde aquel primer día, nuestras vidas quedaron anudadas por el lazo de la coherencia.
Hoy he colgado la bata, la próxima vez que me la ponga será ya como médico...
Significa que aquí concluye la primera etapa de un sueño cumplido, un sueño que empezó hace seis años y que he tenido el gran privilegio de vivirlo cada día, de disfrutarlo sin límites con los cinco sentidos, de amarlo a corazón abierto. Siempre quise ser médico. La medicina no es un camino como otros en la vida, ni mejor ni peor, no es sólo una elección, no es sólo una profesión, es algo inherente a la persona y que nunca se podrá separar de uno mismo. Ser médico es algo que nunca llega a su fin, no es estático, es un caerse y un andar continuo. La medicina es inagotable, nunca llegas a saberlo todo de ella, está siempre por descubrir, por eso es tan fascinante, porque avanza y siempre te exige estar en plena forma para poder correr a su lado. La medicina también es limitación, también es frustración, es reconocer que no somos todo poderosos, es aceptar con humildad que no existe la píldora universal pero que sí podemos manejar el dolor con compañía, con comprensión... Es asumir que, aún existiendo limitación, nosotros no tenemos límites para entregarnos con dedicación a los pacientes. Ser médico no es salvar vidas, no seamos pretenciosos pensando que tenemos esa decisión en nuestras manos, pero en cambio, pensemos que hay vida en nuestras manos, y que con ellas podemos regalar segundas oportunidades, terceros nacimientos...
Significa una inmensa alegría y orgullo por conseguir aquello que nos propusimos. Porque fue duro, muy duro, y aunque ahora cerca del final los obstáculos con los que topamos en el pasado parecen encogidos, es justo reconocer los muchos abruptos y accidentes del camino. Momentos cargados de tensión, de esfuerzo, de horas de estudio, de enclaustramiento, de desesperación, de lloros… momentos que pese a todo fueron superados gracias a una ilusión infinita, a la acérrima vocación, a la motivación desbocada, al esfuerzo ilimitado, al anhelo de la esperanza, al generoso altruismo, a la gratitud de una sonrisa, a las ganas desmesuradas de saber, al miedo de ignorar, a las ansias desmedidas de curar… Fueron muchas y duras las penurias, pero la victoria final conseguida supera incomparablemente con creces las batallas disputadas.
Significa el futuro. El pasado es de un color diferente para cada uno de nosotros, pero contamos con la ventaja de que el futuro siempre es incoloro. Y no depende de nadie más que de nosotros mismos el colorearlo y tratar de conseguir que el negro nunca sea nada más que una pequeña mancha en un óleo de vivos matices. Significa el miedo y la desconfianza ante un futuro nuevo. Conoces miles de enfermedades y muchos remedios, pero no sabes si podrás dar siempre en el clavo, tienes pánico de fallar, y crees que nada de lo que sabes pueda llevar consuelo y alivio. Descubres que nunca sabes demasiado, y que hace más una palabra de aliento que todas las pastillas del mundo. El camino no acaba este día, el camino dura muchos años. Tienes miedo a tropezar con una piedra, pero sabes que sólo cuando caes eres consciente de que hay que tener cuidado con ellas. Tienes miedo a andar despacio, pero sabes que correr mucho hace que no disfrutes de lo andado. Tienes miedo a no alcanzar la meta, pero sabes que no hay mayor éxito que el “gracias” de un paciente. Tienes miedo, pero sabes que si miras hacia atrás verás que ya es mucho lo que has recorrido... El mejor camino es aquel que después de andado se volvería a recorrer... y no cabe duda que lo andaría mil veces, y al acabar mil veces más.
Pero sobre todo, y por encima de todo, significa la tristeza y la añoranza por una etapa que se acaba, y si no un adios, un hasta luego a muchas personas que ya forman de manera indivisible parte de mí. Los logros saben más dulces cuando el amigo está a tu lado para celebrarlo. Las penas se hacen más ligeras si el amigo te ayuda a cargar con tu saco de problemas. Conocernos ha sido sin duda nuestro mejor aprobado, ha dado sentido a esta carrera plagada de obstáculos, ha sido construir la historia de las cuatros paredes de un aula con amistad, compañerismo y muchos hombros juntos empujando a la vez. Sin ellos nada habría sido posible. Encontrarnos ha sido nuestro mayor éxito, y saber que compartimos la misma razón que nos hace soñar es convertirnos en algo más que amigos. En estos años he ganado hermanos, he descubierto compañeros que han sabido complementarme y completarme, almas cómplices que me llevo para siempre, y que han logrado hacerme mejor persona. Si es verdad que existe una tercera vida, la de la memoria, estoy seguro que todos nosotros viviremos mientras quede un aliento en cualquiera de nosotros, porque desde aquel primer día, nuestras vidas quedaron anudadas por el lazo de la coherencia.
Hoy he colgado la bata, la próxima vez que me la ponga será ya como médico...
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“Entonces ser médico es la divina ilusión de que el dolor, sea goce; la enfermedad, salud; y la muerte, vida”, Gregorio Marañón
2 comentarios:
Ashurek, has conseguido emocionarme. Me has recordado cuando yo terminé mi carrera (en este caso de Derecho) Sé de la ilusión que te embarga, de la satisfacción profunda que sientes, de tus ansias de lucha para el mañana, de tu pena por la gran etapa que ha terminado. Muchos sentimientos mezclados y todos ellos muy intensos... Disfruta de este momento. Permanecerá en tu mente mientras vivas, y de él sacarás muchas veces fuerzas.
Al leer tu post he sabido que vas a ser (perdón, eres) un gran médico, y lo sé porque ante todo eres un ser humano, y como tal tratarás a tus pacientes. Nunca pierdas eso. Es muy valioso en un profesional de la medicina.
Mi más sincera enhorabuena, Ashurek. Sé lo duro que ha sido llegar hasta aquí (a pesar de que vuestra facultad viniese a la nuestra coreando aquello de "Derecho es un cursillo", jeje -ya sabes, la pseudorivalidad entre estas dos carreras-)
Bueno, que yo también me apasiono hablando, asi que lo voy a dejar aquí.
De todo corazón, ¡Enhorabuena, Dr.!
Te deseo muchos éxitos profesionales.
Muchos besos.
Muchas gracias por tus palabras Helena, de veras. Espero llegar a ser algún día un buen médico como dices, no sé si lo conseguiré, pero por falta de ganas e ilusión no será.
Creéme si te digo que aquellos que buscan rencillas entre facultades no representan sino una minoría con prejuicios elitistas entre una multitud.
Yo también te deseo buenos augurios en tu carrera profesional, seguro que si tienes tanto éxito como en tu blog eres una estupenda abogado!
Un abrazo
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