de vuelta... (ni de todo ni de nada... ¿o sí?)
De vuelta por aquí. Han pasado casi cuatro meses, y sin embargo me parece imposible. Porque sumergido como estoy en esta especie de túnel del tiempo, es casi sobrenatural la inconsciencia que tengo acerca de su curso. Y por el contrario me parece que aquellos meses de verano y el periodo de la manga corta quedan ya muy lejanos (pero, ¿realmente yo he vivido eso?... bueno… vivido). Y a la vez siento que es al contrario, que todo ha sucedido en un abrir y cerrar de ojos, mucho más rápido que cualquier viaje supersónico que hubiera imaginado, o deseado imaginar. Por qué será que a pesar de que oigamos de la boca de los demás ciertas cosas, no sea hasta que nosotros mismos las experimentamos en carne propia que asumimos el verdadero significado de las palabras. Y ahora me encuentro calmadamente tranquilo, lo cual no sé si viene a confirmar que suelo ser una persona así, o a llevar la contraria a la lógica de la teoría del presente. Y lo que es más inquietante, no sé si tengo miedo al futuro. Porque realmente cada día siguiente forma parte de éste, pero uno tras otro van cayendo sigilosamente, sin hacer apenas ruido, sin dar muestra de que algo ha cambiado (¿pero ha cambiado algo?). Lo cual conlleva que no me percate del discurrir del tiempo. A veces no, a veces las agujas del reloj parecen haberse petrificado, y no avanzan, mientras incongruentemente las cruces en el calendario parecen reproducirse a una velocidad pasmosa. No sé si quiero que el tiempo pase; lo ansío con todas mis fuerzas y a la vez me horroriza. Y hay veces que incluso me parece que disfruto con (o de) esa agonía… Menos mal que aún sé que no estoy loco, o al menos que no soy el único. Tampoco sé si me asusta que el tiempo pase, o lo que pase cuando éste pase. Casi lo mejor es que después de todo es precisamente eso, tiempo, lo que no me queda para pensar. Supongo que de ahí surge esa inconsciencia en la que sumergido es imposible percatarte del curso de las cosas. No me quejo. Sigo luchando. Todas las etapas de la vida esconden un pequeño tesoro, y al fin y al cabo doy fé que ésta no es tan terrible como en un principio supuse. Aunque suene extraño, he conseguido descubrir cosas que me han permitido conocerme un poquito más. Incluso puede que dentro de algunos años la recuerde con nostalgia y añoranza, aunque a día de hoy no veo la hora de echar de menos a esos amiguitos verdes que no se separan de mí ni un momento. Mientras tanto toca vivirla, y sacar de ella lo que se deje.

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