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miércoles, 12 de diciembre de 2007

cerrando círculos...


Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insiste en permanecer en ella, más allá del tiempo necesario, pierde la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos. Como quiera llamarlo, lo importante es poder cerrarlos, dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó con su trabajo? ¿Se acabó la relación? ¿Ya no vive más en esa casa? ¿Debe irse de viaje? ¿La amistad se acabó?

Puede pasarse mucho tiempo de su presente "revolcándose" en los porqués, en devolver el casette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanas, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante. No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué.

Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltar, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.

No. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, papeles por romper, documentos por tirar, libros por vender o regalar. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.

Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó. No esperen que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere que alguna vez se den cuenta de quién es usted. Suelte el resentimiento, el prender "su televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Porque si usted anda por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción. Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de "regresar" (¿a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron.

¡Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo!, si no, déjelo ir, cierre capítulos. Dígase a usted mismo que no, que no vuelve. Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Usted ya no es el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver.

Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo. Ni usted será el mismo, ni el entorno al que regresa será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por usted mismo desprender lo que ya no está en su vida. Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque: cuando usted vino a este mundo 'llegó' sin ese adhesivo, por lo tanto es "costumbre" vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir. Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr porque, le repito, nada ni nadie nos es indispensable.

Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte. Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!

Paulo Coelho




domingo, 25 de noviembre de 2007

... animarse a volar


...Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:

- Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.

- Pero yo no sé volar – contestó el hijo.

- Ven – dijo el padre.

Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.

- Ves hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás...

El hijo dudó. -¿Y si me caigo?

- Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.

El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida. Los más pequeños de mente dijeron:

- ¿Estás loco?
- ¿Para qué?
- Tu padre está delirando...
- ¿Qué vas a buscar volando?
- ¿Por qué no te dejas de pavadas?
- Y además, ¿quién necesita volar?

Los más lúcidos también sentían miedo:
- ¿Será cierto?
- ¿No será peligroso?
- ¿Por qué no empiezas despacio?
- En todo caso, prueba tirarte desde una escalera.
-...O desde la copa de un árbol, pero... ¿desde la cima?

El joven escuchó el consejo de quienes lo querían. Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó... Desplegó sus alas. Las agitó en el aire con todas sus fuerzas... pero igual... se precipitó a tierra... Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:

- ¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di! No soy como tú. Mis alas son de adorno... – lloriqueó.

- Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen. Es como tirarse en un paracaídas... necesitas cierta altura antes de saltar. Para aprender a volar siempre hay que empezar corriendo un riesgo. Si uno no quiere correr riesgos, lo mejor será resignarse y seguir caminando como siempre.

(Jorge Bucay, Cuentos para pensar)


lunes, 15 de octubre de 2007

con el tiempo...


... aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.

... comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.

... te das cuenta de que si estas al lado de esa persona solo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás deseando no volver a verla.

... te das cuenta de que los amigos verdaderos valen mucho más que cualquier cantidad de dinero.

... entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas.

... aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.


... comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.

... aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es sólo de almas grandes.

... te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona, es irrepetible.

... te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados.

... aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado incierto para hacer planes.

... comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.

... te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

... aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo... ante una tumba... ya no tiene ningún sentido...

Pero desafortunadamente... sólo con el tiempo...

(Aprendiendo, Jorge Luis Borges)



“El hombre se hace viejo muy pronto y sabio demasiado tarde... justamente cuando ya no hay tiempo”

martes, 26 de junio de 2007

sublime apuesta...


Por otra parte, ¡por cuánto tiempo no he sido, y por cuánto tiempo no seré! Ocupo un espacio bien pequeño en el abismo de los años. Este pequeño intersticio no consigue distinguirme de la nada a la que tendré que ir. No he venido al mundo sino para hacer número.

Mi papel ha sido tan pequeño que, aunque hubiera permanecido detrás de los bastidores, todos habrían dicho igualmente que la comedia era perfecta. Es como una tempestad: unos se ahogan enseguida, otros se quebrantan contra un escollo, otros permanecen en un leño abandonado, pero no por mucho también ellos. La vida se apaga sola, como una bujía que ha consumido su materia. Y deberíamos estar acostumbrados, porque como una bujía hemos empezado a diseminar átomos desde el primer momento en que nos hemos encendido.

No es una gran sabiduría saber estas cosas, decíase Roberto, de acuerdo. Deberíamos saberlas desde el momento en que nacemos. Mas normalmente reflexionamos siempre y sólo sobre la muerte de los demás. Sí sí, todos tenemos bastante fortaleza para soportar los males ajenos. Luego llega el momento en el que pensamos en la muerte cuando el mal es nuestro, y entonces damos en la cuenta de que ni el sol ni la muerte se pueden mirar fijamente. A menos que no se hayan tenido buenos maestros…

Después de haber calculado con rigor estas posibilidades (después de haber reconocido que la vida es breve, el arte vasto, la ocasión instantánea y el experimento incierto) habíase dicho que era indigno de un gentil hombre abandonarse a cálculos tan mezquinos, como un burgués que computara las posibilidades que tenía jugándose a dados su avaro peculio.

Es decir, habíase dicho, un cálculo se ha de hacer, mas que sea sublime, si sublime es la apuesta. ¿Qué se jugaba en aquella apuesta? La vida. Mas su vida, si él no hubiera conseguido abandonar la nave jamás, no era mucho, sobre todo ahora que a la soledad habríase añadido la consciencia de haberla perdido a ella para siempre. ¿Qué ganaba, en cambio, si superaba la prueba? Todo, el gozo de volverla a ver y salvarla, en cualquier caso de morir sobre ella muerta, cubriendo su cuerpo con una mortaja de besos.

Es verdad, la apuesta no era a la par. Había más posibilidades de morir en el intento que no de alcanzar la tierra. Pero también en ese caso el alea era ventajosa: como si le hubieran dicho que tenía mil posibilidades de perder una miserable suma contra una sola de ganar un inmenso tesoro. ¿Quién no hubiera aceptado?


(La isla del día de antes, Umberto Eco)


viernes, 8 de junio de 2007

lo que hace el miedo...


Cuentan que en una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto. Siempre que hacía prisioneros, no los mataba, los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre. En esta sala el rey les hacía formar un círculo y les decía entonces... "Ustedes pueden elegir entre morir atravesados por las flechas de mis arqueros o pasar por esa puerta misteriosa".

Todos elegían ser muertos por los arqueros. Al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo sirvió al rey se dirigió al soberano y le dijo...

- Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?
- Dime soldado –contestó el rey.
- ¿Qué había detrás de la horrorosa puerta?
- Ve y mira tú mismo -respondió el rey.

El soldado entonces, abrió temerosamente la puerta y, a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y aclararon el ambiente... y, finalmente, descubrió sorprendido que la puerta se abrió sobre un camino que conducía a la libertad. El soldado, admirado, miró a su rey que le decía...

- Yo daba a ellos la elección, pero preferían morir que arriesgarse a abrir esa puerta.


¿Cuántas puertas dejamos de abrir por el miedo de arriesgarnos?

¿Cuántas veces perdemos la libertad y morimos por dentro, solamente por sentir miedo de abrir la puerta de nuestros sueños?



"Nadie quiere morir, pero si nos encontramos en un cruce de caminos y ya conocemos lo horrible que es uno de ellos, lo más lógico será seguir por el otro, porque aunque no lo sabemos, tenemos la esperanza de que pueda ser mejor". (Cartas desde el infierno, Ramón Sampedro)

domingo, 20 de mayo de 2007

es tan corto el amor y tan largo el olvido...

Hubo una vez una isla donde habitaban todas las emociones y todos los sentimientos humanos que existen. Convivían, por supuesto, el TEMOR, la SABIDURÍA, el AMOR, la ANGUSTIA, la ENVIDIA, el ODIO... Todos estaban allí. A pesar de los roces naturales de la convivencia, la vida era sumamente tranquila e incluso previsible. A veces la RUTINA hacía que el ABURRIMIENTO se quedara dormido, o el IMPULSO armaba algún escándalo, pero muchas veces la CONSTANCIA y la CONVENIENCIA lograban aquietar el DESCONTENTO.

Un día, inesperadamente para todos los habitantes de la isla, el CONOCIMIENTO convocó una reunión. Cuando la DISTRACCIÓN se dio por enterada y la PEREZA llegó al lugar de encuentro, todos estuvieron presentes. Entonces, el CONOCIMIENTO dijo: Tengo una mala noticia que darles, la isla se hunde. Todas las emociones que vivían en la isla dijeron: ¡No, cómo puede ser! ¡Si nosotros vivimos aquí desde siempre!. La isla se hunde –repitió el CONOCIMIENTO-. ¡Pero no puede ser! ¡Quizá estás equivocado! El CONOCIMIENTO casi nunca se equivoca -dijo la CONCIENCIA, dándose cuenta de la verdad-. Si él dice que se hunde, debe ser porque se hunde.

¿Pero qué vamos a hacer ahora? -se preguntaron los demás. Entonces, el CONOCIEMIENTO contestó: Por supuesto, cada uno puede hacer lo que quiera, pero yo les sugiero que busquen la manera de dejar la isla... Construyan un barco, un bote, una balsa o algo que les permita irse, porque el que permanezca en la isla desaparecerá con ella. ¿No podrías ayudarnos?, preguntaron todos, porque confiaban en su capacidad. No -contestó el CONOCIMIENTO-, la PREVISIÓN y yo hemos construido un avión y en cuanto termine de decirles esto volaremos hasta la isla más cercana. Las emociones dijeron: ¡Oh, no! ¿Pero qué será de nosotros? Dicho esto, el CONOCIMIENTO se subió al avión con su socia y, llevando de polizón al MIEDO (que como no era tonto ya se había escondido en el motor), dejaron la isla.

Todas las emociones, en efecto, se dedicaron a construir un bote, un barco, un velero... Bueno, todas... salvo el AMOR. Porque el AMOR estaba tan relacionado con cada cosa de la isla que dijo: Dejar esta isla... después de todo lo que viví aquí... ¿Cómo podría yo dejar este arbolito, por ejemplo? Ahh... compartimos tantas cosas... Y mientras las emociones se dedicaban a fabricar el medio para irse, el AMOR se subió a cada árbol, olió roda rosa, se fue hasta la playa y se revolcó en la arena como solía hacerlo en otros tiempos. Tocó cada piedra... y acarició cada rama... Al llegar a la playa, exactamente desde donde el sol salía, su lugar favorito, quiso pensar con esa ingenuidad que tiene el AMOR: Quizá la isla se hunda por un ratito... y después resurja... ¿por qué no?; y se quedó durante días y días midiendo la altura de la marea para revisar si el proceso de hundimiento no era reversible...

Pero la isla se hundía cada vez más... Sin embargo, el AMOR no podía pensar en construir, pues estaba tan dolorido que sólo era capaz de llorar y gemir por lo que perdería. Se le ocurrió entonces que la isla era muy grande, y que aún cuando se hundiera un poco, siempre él podría refugiarse en la zona más alta... Cualquier cosa era mejor que tener que irse. Una pequeña renuncia nunca había sido un problema para él. Así que, una vez más, tocó las piedritas de la orilla... y se arrastró por la arena... y otra vez se mojó los pies en la pequeña playa que en otra hora fue enorme... Luego, sin darse cuenta demasiado de su renuncia, caminó hacia la parte norte de la isla, que si bien no era la que más le gustaba, era la más elevada... y la isla se hundía cada día un poco más... y el AMOR se refugiaba cada día en un espacio más pequeño... Después de tantas cosas que pasamos juntos...-le reprochó a la isla-.

Hasta que, finalmente, sólo quedó una minúscula porción de suelo firme; el resto había sido tapado completamente por el agua. Justo en ese momento el AMOR se dio cuenta de que la isla se estaba hundiendo de verdad. Comprendió que, si no dejaba la isla, el amor desaparecería para siempre de la faz de la Tierra... Caminando entre senderos anegados y saltando enormes charcos de agua, el AMOR se dirigió a la bahía. Ya no había posibilidades de construirse una salida como la de todos; había perdido demasiado tiempo en negar lo que perdía y en llorar lo que desaparecía poco a poco ante sus ojos. Desde allí podría ver pasar a sus compañeros en las embarcaciones. Tenía la esperanza de explicar su situación y de que alguno de sus compañeros le comprendiera y le llevara.

Observando el mar, vio venir el barco de la RIQUEZA y le hizo señas; ésta se acercó un poquito a la bahía. El AMOR dijo: Riqueza, tú que tienes un barco tan grande, ¿no me llevarías hasta la isla vecina? Yo sufrí tanto la desaparición de esta isla que no pude fabricarme un bote... Y la RIQUEZA le contestó: Estoy tan cargada de dinero, de joyas y de piedras preciosas, que no tengo lugar para ti, lo siento...- y siguió su camino sin mirar atrás. El AMOR siguió observando, y vio venir a la VANIDAD en un barco hermoso, lleno de adornos, mármoles y flores de todos los colores. El AMOR se estiró un poco y gritó: ¡VANIDAD... VANIDAD... llévame contigo! La VANIDAD miró al AMOR y le dijo: Me encantaría llevarte, pero... ¡tienes un aspecto!... ¡estás tan desagradable... tan sucio y tan desaliñado!... Perdón, pero creo que afearías mi barco- y se fue. Y así, el AMOR pidió ayuda a cada una de las emociones; a la CONSTANCIA, a la SENSUALIDAD, a los CELOS, a la INDIGNACIÓN y hasta al ODIO.

Y cuando pensó que ya nadie más pasaría, vio acercarse un barco muy pequeño, el último, el de la TRISTEZA. Tristeza, hermana -le dijo-, tú que me conoces tanto, tú no me abandonarás aquí, eres tan sensible como yo... ¿Me llevarás contigo? Y la TRISTEZA le contestó: Yo te llevaría, te lo aseguro, pero estoy taaaaan triste... que prefiero estar sola- y sin decir más, se alejó. Y el AMOR, pobrecito, se dio cuenta de que por haberse quedado ligado a esas cosas que tanto amaba, él y la isla iban a hundirse en el mar hasta desaparecer para siempre. Entonces se sentó en el último pedacito que quedaba de su isla a esperar el final...

De pronto, el AMOR escuchó que alguien chistaba: Chst-chst-chst... Era un desconocido viejito que le hacía señas desde un bote de remos. El AMOR se sorprendió: ¿A mí? -preguntó, llevándose una mano al pecho. Sí, sí -dijo el viejito-, a ti. Ven conmigo, súbete a mi bote y rema conmigo, yo te salvo. El AMOR le miró y quiso darle explicaciones: Lo que pasó fue que yo me quedé... Entiendo -dijo el viejito sin dejarle terminar la frase-, sube. El AMOR subió al bote y juntos empezaron a remar para alejarse de la isla. No pasó mucho tiempo antes de ver cómo el último centímetro que quedaba a flote terminó de hundirse y la isla desaparecía para siempre. Nunca volverá a existir una isla como esta -murmuró el AMOR, quizá esperando que el viejito le contradijera y le diera alguna esperanza-. No -dijo el viejo-, como ésta, nunca.

Cuando llegaron a la isla vecina, el AMOR comprendió que seguía vivo. Se dio cuenta de que iba a seguir existiendo. Giró sobre sus pies para darle las gracias al viejito, pero éste, sin decir una palabra, se había marchado tan misteriosamente como había aparecido.

Entonces, el AMOR, muy intrigado, fue en busca de la SABIDURÍA para preguntarle: ¿Cómo puede ser? Yo no lo conozco y él me salvó... Nadie comprendía que me hubiera quedado sin embarcación, pero él me ayudó, él me salvó y yo ni siquiera sé quién es... La SABIDURÍA lo miró a los ojos un buen rato y dijo: Él es el único capaz de conseguir que el amor sobreviva cuando el dolor de una pérdida le hace creer que es imposible seguir adelante. El único capaz de darle una nueva oportunidad al amor cuando parece extinguirse. El que te salvó, AMOR, es el TIEMPO...

domingo, 6 de mayo de 2007

oscuridad y tiempo...

Son muy pocos aquellos de entre nosotros que no se han despertado a veces antes del alba, o después de una de esas noches sin sueños que casi nos hacen amar la muerte, o de una de esas noches de horror y de alegría monstruosa, cuando se agitan en las cámaras del cerebro fantasmas más terribles que la misma realidad, rebosantes de esa vida intensa, inseparable de todo lo grotesco, que da al arte gótico su imperecedera vitalidad, puesto que ese arte bien parece pertenecer sobre todo a los espíritus atormentados por la enfermedad del ensueño. Poco a poco, dedos exangües surgen de detrás de las cortinas y parecen temblar. Adoptando fantásticas formas oscuras, sombras silenciosas se apoderan, reptando, de los rincones de la habitación para agazaparse allí. Fuera, se oye el agitarse de pájaros entre las hojas, o los ruidos que hacen los hombres al dirigirse al trabajo, o los suspiros y sollozos del viento que desciende de las montañas y vaga alrededor de la casa silenciosa, como si temiera despertar a los que duermen, aunque está obligado a sacar a toda costa al sueño de su cueva de color morado. Uno tras otro se alzan los velos de delicada gasa negra, las cosas recuperan poco a poco forma y color y vemos cómo la aurora vuelve a dar al mundo su prístino aspecto. Los lívidos espejos recuperan su imitación de la vida. Las velas apagadas siguen estando donde las dejamos, y a su lado descansa el libro a medio abrir que nos proponíamos estudiar, o la flor preparada que hemos lucido en el baile, o la carta que no nos hemos atrevido a leer o que hemos leído demasiadas veces. Nada nos parece que haya cambiado. De las sombras irreales de la noche renace la vida real que conocíamos. Hemos de continuar allí donde nos habíamos visto interrumpidos, y en ese momento nos domina una terrible sensación, la de la necesidad de continuar, enérgicamente, el mismo ciclo agotador de costumbres estereotipadas, o quizá, a veces, el loco deseo de que nuestras pupilas se abran una mañana a un mundo remodelado durante la noche para agradarnos, un mundo en el que las cosas poseerían formas y colores recién inventados, y serían distintas, o esconderían otros secretos, un mundo en el que el pasado tendría muy poco o ningún valor, o sobreviviría, en cualquier caso, sin forma consciente de obligación o de remordimiento, dado que incluso el recuerdo de una alegría tiene su amargura, y la memoria de un placer, su dolor.

(El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde)

Para algunos, la vida es galopar un camino empedrado de horas, minutos y segundos. Yo, más humilde soy, tan sólo quiero que la ola que surge del último suspiro de un segundo, me transporte mecido hasta el siguiente.

domingo, 18 de febrero de 2007

... el AMOR es ciego

Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres.

Cuando el ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, la LOCURA, como siempre tan loca, les propuso: ¿Jugamos al escondite? La INTRIGA levantó la ceja intrigada y la CURIOSIDAD, sin poder contenerse, preguntó: ¿Al escondite? y ¿cómo es eso? Es un juego -explicó la LOCURA- en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes al que encuentre, ocupará mi lugar para continuar el juego. El ENTUSIASMO bailó secundado por la EUFORIA. La ALEGRÍA dió tantos saltos que terminó por convencer a la DUDA, e incluso a la APATÍA, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar. La VERDAD prefirió no esconderse (¿para qué?), si al final siempre la hallaban, y la SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido suya), y la COBARDÍA prefirió no arriesgarse...

Uno, dos, tres... -comenzó a contar la LOCURA-. La primera en esconderse fue la PEREZA que, como siempre, se dejó caer tras la primera piedra del camino. La FE subió al cielo, y la ENVIDIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. La GENEROSIDAD casi no alcanzaba a esconderse; cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: que si un lago cristalino, ideal para la BELLEZA; que si el bajo de un árbol, perfecto para la TIMIDEZ; que si el vuelo de la mariposa, lo mejor para la VOLUPTUOSIDAD; que si una ráfaga de viento, magnifico para la LIBERTAD. Así que termino por ocultarse en un rayito de sol. El EGOÍSMO, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo... pero solo para él. La MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (¡mentira!, en realidad se escondió detrás del arco iris), y la PASIÓN y el DESEO en el centro de los volcanes. El OLVIDO... ¡se me olvidó donde se escondió!... pero eso no es lo importante.

Cuando la LOCURA contaba 999.999, el AMOR todavía no había encontrado un sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un rosal y, enternecido, decidió esconderse entre sus flores. ¡Un millón! -contó la LOCURA- y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la PEREZA, sólo a tres pasos de la piedra. Después se escuchó a la FE discutiendo con Dios en el cielo sobre Teología. Y a la PASIÓN y al DESEO los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la ENVIDIA y, claro, pudo deducir donde estaba el TRIUNFO. Al EGOÍSMO no tuvo ni que buscarlo; el solito salió disparado de su escondite, que había resultado un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y, al acercarse al lago, descubrió a la BELLEZA. Y con la DUDA resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aun de que lado esconderse. Así fue encontrando a todos: el TALENTO entre la hierba fresca, la ANGUSTIA en una oscura cueva, la MENTIRA detrás del arco iris y hasta el OLVIDO, al que ya se le había olvidado que estaba jugando al escondite.

Pero solo el AMOR no aparecía por ningún sitio. La LOCURA busco detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, en la cima de las montañas y, cuando estaba por darse por vencida, diviso un rosal y las rosas... Y tomo una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas habían herido en los ojos al AMOR. La LOCURA no sabía que hacer para disculparse; lloró, rogó, imploró y hasta prometió ser su lazarillo.




Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la tierra, el AMOR es ciego, y la LOCURA lo acompaña siempre.

para escuchar a todas horas...

  • ... "28.000 puñaladas", Marea
  • ... "Absolute Garbage", Garbage
  • ... "American idiot", Green Day
  • ... "Animales", Pereza
  • ... "Are you listening?", Dolores O'riordan
  • ... "Asuntos pendientes", La fuga
  • ... "Back to black", Amy Winehouse
  • ... "Best of", The Corrs
  • ... "By the way", Red Hot Chili Peppers
  • ... "Cientocero", Supersubmarina
  • ... "Ciudades de paso", Mikel Erentxun
  • ... "Comalies", Lacuna Coil
  • ... "Corinne Bailey Rae", Corinne Bailey Rae
  • ... "Dead letters", The Rasmus
  • ... "Dile al sol", La Oreja de Van Gogh
  • ... "Ella baila sola", Ella baila sola
  • ... "Fallen", Evanescence
  • ... "Flyleaf", Flyleaf
  • ... "Four on the floor", Juliette and The licks
  • ... "Free way", Poet in process
  • ... "Grandes éxitos y fracasos", Extremoduro
  • ... "How to save a life", The fray
  • ... "I love your glasses", Russian red
  • ... "I was dead for 7 weaks in the city of Angels", Dover
  • ... "In time: the best of", R.E.M.
  • ... "Jagged little pill", Alanis Morissette
  • ... "La leyenda de un artista", Antonio Flores
  • ... "Laut gedacht", Silbermond
  • ... "Lest we forget the best of MM", Marilyn Manson
  • ... "Little voice”, Sara Bareilles
  • ... "Long gone before daylight", The Cardigans
  • ... "Marlango", Marlango
  • ... "Midnight boom", The Kills
  • ... "Once more with feeling", Placebo
  • ... "One cell in the sea", A fine frenzy
  • ... "Origin of symmetry", Muse
  • ... "Puzzle shapes", Boat beam
  • ... "Retrovision", M-Clan
  • ... "Riot", Paramore
  • ... "Stars - The Best of 1992 - 2002", The Cranberries
  • ... "Stereotyped", Ueickap
  • ... "Swoon", Silversun pickups
  • ... "The best of", Blur
  • ... "The healing of harms", Fireflight
  • ... "The hush", Texas
  • ... "The silent force", Within Temptation
  • ... "These streets", Paolo Nutini
  • ... "Three cheers for sweet revenge", My chemical romance
  • ... "Vivo para contarlo", Fito
  • ... "¿Grandes éxitos?", Jarabe de palo

para leer en cualquier parte...

  • ... "2666", Roberto Bolaño
  • ... "A sangre fría", Truman Capote
  • ... "Baudolino", Umberto Eco
  • ... "Cien años de soledad", Gabriel García Márquez
  • ... "Como agua para chocolate", Laura Esquivel
  • ... "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo", Haruki Murakami
  • ... "David Copperfiel", Charles Dickens
  • ... "Desde mi cielo", Alice Sebold
  • ... "Dónde el corazón te lleve", Susanna Tamaro
  • ... "El alquimista", Paulo Coelho
  • ... "El anatomista", Federico Andahazi
  • ... "El corazón helado", Almudena Grandes
  • ... "El cuento número trece", Diane Setterfield
  • ... "El curioso incidente del perro a medianoche", Mark Haddon
  • ... "El diario de Ana Frank", Anne Frank
  • ... "El frio modifica la trayectoria de los peces", Pierre Szalowski
  • ... "El libro de las ilusiones", Paul Auster
  • ... "El mirlo de la esperanza", Freda Warrington
  • ... "El mundo de Sofía", Jostein Gaarder
  • ... "El médico", Noah Gordon
  • ... "El niño con el pijama de rayas", John Boyne
  • ... "El nombre de la rosa", Umberto Eco
  • ... "El nombre del viento", Patrick Rothfuss
  • ... "El ocho", Katherine Neville
  • ... "El oráculo de la luna", Frederic Lenoir
  • ... "El palacio de la luna", Paul Auster
  • ... "El perfume", Patrick Suskind
  • ... "El péndulo de Foucault", Umberto Eco
  • ... "El retrato de Dorian Gray", Oscar Wilde
  • ... "El sanador de caballos", Gonzalo Giner
  • ... "En busca del unicornio", Juan Eslava Galán
  • ... "Ensayo sobre la ceguera", José Saramago
  • ... "Historia del tiempo", Stephen Hawking
  • ... "Kafka en la orilla", Haruki Murakami
  • ... "La biblia de barro", Julia Navarro
  • ... "La carretera", Cormac McCarthy
  • ... "La casa de Dios", Samuel Shem
  • ... "La casa de los espíritus", Isabel Allende
  • ... "La catedral del mar", Ildefonso Falcones
  • ... "La dama de blanco", Wilkie Collins
  • ... "La historiadora", Elizabeth Kostova
  • ... "La insoportable levedad del ser", Milan Kundera
  • ... "La isla del día de antes", Umberto Eco
  • ... "La ladrona de libros", Markus Zusak
  • ... "La mecánica del corazón", Mathias Malzieu
  • ... "La montaña mágica", Thomas Mann
  • ... "La princesa de hielo", Camilla Läckberg
  • ... "La soledad de Charles Dickens", Dan Simmons
  • ... "La soledad de los números primos", Paolo Giordano
  • ... "La sombra del viento", Carlos Ruiz Zafón
  • ... "La sonrisa etrusca", José Luis Sampedro
  • ... "Las cenizas de Ángela", Frank McCourt
  • ... "Leslat el vampiro", Anne Rice
  • ... "Los aires difíciles", Almudena Grandes
  • ... "Los pilares de la Tierra”, Ken Follet
  • ... "Los renglones torcidos de Dios", Torcuato Luca de Tena
  • ... "Martes con mi viejo profesor", Mitch Albom
  • ... "Melmoth el errabundo", Charles Robert Maturin
  • ... "Melocotones helados", Espido Freire
  • ... "Milenium", Stieg Larsson
  • ... "No digas que fue un sueño", Terenci Moix
  • ... "Plenilunio", Antonio Muñoz Molina
  • ... "The host", Stephen Meyer
  • ... "Tokio blues (Norwegian wood)", Haruki Murakami
  • ... "Un mundo feliz", Aldous Huxley
  • ... "Una breve historia de casi todo", Bill Bryson

para viajar desde el sofá...

  • ... “21 gramos”
  • ... “300”
  • ... “A ciegas”
  • ... “Abre los ojos”
  • ... “Al cruzar el límite”
  • ... “Alicia en el país de las maravillas”
  • ... “Amelie”
  • ... “American beauty”
  • ... “American history X”
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  • ... “El intercambio”
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  • ... “El perfume: historia de un asesino”
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  • ... “El show de Truman”
  • ... “El silencio de los corderos”
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