destino vs azar
Pensaba que tan sólo con un movimiento o un gesto podría cambiar la trayectoria hasta entonces seguida. Pensaba que si cruzaba un semáforo en rojo sin coches próximos a la vista, o esperaba a que se pusiera en verde, estaría tomando (que no cumpliendo con lo ya establecido) un sendero u otro de los múltiples aleatorios posibles por construir (que no marcados), pues esa decisión traería consigo una secuencia dominó de consecuencias que nada tendrían que ver con las que pudieran haber tenido lugar si hubiera hecho lo contrario. Porque por simple y absurdo que resulte, estaba convencido que era así. Porque sé que tomando uno u otro camino llegaría al mismo sitio, y realizaría el mismo fin último para el que había ido; pero nada sería igual. Quizás el resultado final fuera semejante, pero las variables (persona, tiempo, espacio, secuencia, orden, accidente, sorpresa…), y lo que con ellas arrastran, serían al menos mínimamente diferentes.Y eso me hacía creer que cada uno es dueño de su desconocido futuro, que nos es posible tomar múltiples caminos a cada instante, a cada paso que damos. Que no es posible que estemos en esta vida siguiendo el guión de un plan preestablecido. No es posible que sigamos como marionetas una trayectoria ya marcada denominada destino. Y a la vez eso me inflingía miedo. Miedo porque me cuesta aceptar que la constancia y la dedicación sean propiedades sin recompensa en un espacio tan caótico que no permita tomar por seguro un camino labrado. Miedo porque entonces cada instante y cada decisión tomada podrían hacer desvanecer todo lo logrado y dar al traste con aquello tan fielmente perseguido. Miedo por una inestabilidad dominante, pues si bien seríamos capaces de decidir libremente, también serían múltiples las oportunidades ofertadas para cometer errores, a pesar de que es cierto que aún así una nueva elección tras otra se presentaría ante nosotros para permitirnos enmendarlos.
Sin embargo, de un tiempo a esta parte me parece que cada vez creo menos en el azar y las casualidades. Porque a veces pienso que a pesar de que intente cambiar las cosas, todo seguirá igual, porque aunque pretenda con todas mis fuerzas alterar el orden de los acontecimientos mis fuerzas resultan delebles a la hora de levantar tal losa. Porque a veces creo saber que es lo que me aguarda por delante, y no me horroriza nada tanto como el saber con certeza lo que espera, y que ese algo tan sólo espera que discurra el tiempo hasta que le de cuenta, sabedor de que el que lo alcance es algo inevitable. Y esto me resulta angustioso, porque me niego a aceptar que realmente exista la posibilidad de que no seamos capaces de dirigir nuestro futuro, de tomar decisiones, acertadas o equivocadas, pero decisiones al fin y al cabo. En definitiva, de ser libres. Supongo que como todo la cuestión no es blanco o negro. Supongo, o al menos pretendo creer, que es un poco de los dos, una especie de equilibrio entre el chin y el chan.
Me niego a pensar que no soy más que un actor con papel adjudicado e invariable trabajando para el teatro del Destino…
(El destino tiene una curiosa forma de envolverte y asomarse por sorpresa)
